lunes, 21 de noviembre de 2016

Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto...

¨...Si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré el ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de una madriguera, como una música (...) Por favor, domestícame - dijo el zorro

- Me gustaría - respondió el Principito - pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas

- Sólo se conocen las cosas que se domestican - dijo el zorro - Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo ¡domestícame!

- ¿Qué hay que hacer? - dijo el principito

- Hay que ser paciente - respondió el zorro - Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca... 

Al día siguiente volvió el principito.

- Hubiese sido mejor venir a la misma hora - dijo el zorro - Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, mas feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a que hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

(...) Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:

- ¡Ah!... - dijo el zorro - voy a llorar

- Tuya es la culpa - dijo el principito - No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara

- Si - dijo el zorro

- Pero vas a llorar - dijo el principito

- Si - dijo el zorro

- Entonces no ganas nada

- Gano - dijo el zorro - por el color del trigo [que le van a recordar el color de pelo del principito]

Luego agregó: Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto

El principito se fue nuevamente a ver las rosas:

- No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún - les dijo - Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Sois bellas pero estáis vacías. No se puede morir por vosotras, Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que ella es la rosa que he regado. Puesto que ella es la rosa que puse bajo un globo. Puesto que ella es la rosa que abrigué con el biombo. Puesto que ella es la rosa cuyas orugas maté (salvo dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que ella es la rosa a la que escuché quejarse, o alabarse, o aun algunas veces, callarse. Porque ella es mi rosa.

Y volvió hacia el zorro

- Adiós - dijo

- Adiós - dijo el zorro - He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos - repitió el principito a fin de acordarse

- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. Los hombres han olvidado esta verdad. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado...¨


SOMOS RESPONSABLES PARA SIEMPRE DE LO QUE HEMOS DOMESTICADO. Nosotros, que estamos leyendo esto, vamos a tratar de no olvidar esta verdad.


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